¿Cómo verificar si un huevo está fresco?

¿No sabes si todavía te puedes comer los huevos que hay en casa? Evita sorpresas con estas pruebas; porque nada es peor que un huevo rancio malogrando tu comida.

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REDACCIÓN
Redacción Buenazo04 Oct 2020 | 19:46 h

Los huevos son uno de los alimentos más accesibles y nutritivos de nuestra cocina, y por eso mismo, uno de los más consumidos del mundo. Un bocado delicioso de nutrientes que resulta muy penoso desechar. No hay nada peor que cascar un huevo y darse con la desagradable sorpresa de que está rancio o de que no nos sirve para lo que queremos preparar.

Efectivamente, hay recetas que requieren que usemos huevos muy frescos, como un soufflé o unos huevos pasados o ponchados. Pero, si no llevan impresa la fecha empecado o de consumo preferente, ¿cómo puedes saber si ya no están frescos para lo que quieres hacer? Ten presente, para empezar, que la fecha de consumo preferente que algunos huevos llevan impresa en su cáscara no significa que el huevo no se pueda comer pasada esa fecha; sino que no está tan fresco. Pero para saberlo con certeza, hay tres pruebas muy fáciles de hacer en casa antes de empezar a cocinar.

La prueba del movimiento

Lo que sucede a medida que pasan los días desde que fue puesto es que el huevo va absorbiendo aire a través de su cáscara (así es: la cáscara es permeable). Es aire que ingresa se deposita en uno de los lados del huevo, el de mayor diámetro. Así que para saber si un huevo está fresco, una opción es agitarlo. Si parece que hay algo “suelto” en su interior, entonces no está tan fresco. Un huevo fresco debe sentirse como una masa compacta, casi como si agitaras un durazno; es decir, entre la masa compuesta por la yema y la clara, y la cáscara, no debe haber espacios vacíos; es decir, no debe haber ingresado aire.

La primera prueba, pero no la definitiva.   La primera prueba, pero no la definitiva.

La prueba del agua

Así es, ese espacio que parece vacío en realidad se va llenando de aire a medida que pasan los días desde que el huevo fue puesto. Haz esta prueba: sumerge un huevo en agua fresca. Si se va al fondo, como si estuviera echado (horizontal), significa que es fresco. Si se queda como parado o levanta ligeramente un lado, significa que no está tan fresco, pero aún lo puedes usar, digamos, en una tortilla. Pero si flota, es mejor desecharlo, porque seguro está rancio.

De izquierda a derecha, de más a menos fresco.   De izquierda a derecha, de más a menos fresco.

La prueba del plato

Finalmente, si aún tienes dudas, quiebra el huevo y vierte su contenido con cuidado en un plato tendido. Un huevo fresco va a tener una yema muy bien formada y definida al interior de una masa compacta de clara gelatinosa, rodeada a su vez por una masa de clara un poco más suelta (la clara no es una masa uniforme, ojo). La yema de un huevo no tan fresco, por su parte, habrá perdido esa postura orgullosa, mientras que su clara se habrá disuelto un poco. Un huevo rancio, en cambio, mostrará una clara completamente diluida o disuelta, y una yema aplanada, deprimida, con bordes frágiles. En suma, un huevo tristísimo.

Claras y yemas muy bien definidas. Así son los huevos frescos.   Claras y yemas muy bien definidas. Así son los huevos frescos.

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