

¿Hay algo más simple, nutritivo, económico y sabroso que el huevito con papa? Este "quitambre" es el símbolo de la cocina callejera urbana, pues contiene todo lo que necesitamos —proteínas y energía— en un platito o bandeja de plástico que no supera los dos solcitos. El huevo y la papa son la pareja perfecta; el ying y el yang de la gastronomía de la calle. El piqueo salvador de la media mañana —para los o las trabajadoras que gastan suela durante el día—, o el tapercito que tus bendiciones abren sonrientes en el cole.
Pero aun lo más simple tiene sus secretitos y requiere cierta maña para que quede perfecto. No es cuestión de sancochar huevos y papas, y salpicar un poco de sal. Para que este humilde dúo brille, hay que hacerlo —como todo en la vida—, con amor. Escoge bien los huevos y papas, y cocínalos como más te gusten (recuerda que los puntos de cocción del huevo perfecto se consiguen con cronómetro). Lo mismo que la papa: busca una papita amarilla que se deshaga como algodón y que absorba bien las salsas, que son otro cantar.
Las salsas son una de las columnas vertebrales de la cocina de la calle; no son cualquier complemento inútil, porque sin ellas la comida no brilla. Y en el Perú tenemos salsas bravas, que, además, nos gusta mezclar en busca de nuevos sabores que maticen cada bocado. Ahora, para el huevito con papa, qué mejor que la crema de rocoto y la ocopa. Dos salsas monumentales con sabores muy distintos, pero que juntas son dinamita. El punto de espesor de cada una depende de los gustos personales: sueltas para que el bocado resbale, o espesas para que llene. Lo mismo con el picor. Y listo… no necesita mayor recutecu; pero si gustas, puedes acompañar con una lechuguita crujiente o canchita. Ahora, pues, ¿cuántos te puedes empujar?
Crema de rocoto:
Ocopa: