

Patitas y parrilla, dos palabras que a partir de ahora querrás escuchar juntas siempre, porque dan como resultado una delicia: las patitas anticucheras. La patita de pollo y la parrilla son dos elementos que definen la cocina callejera popular peruana; esa que busca sabor, velocidad y buen precio. Las patitas aportan proteínas y un componente clave para nuestra salud: el colágeno. Mientras que la parrilla aporta el sabor intenso y esa cocción veloz que buscan los comensales de a pie una vez que se pone el sol.
Desdeñadas en muchas cocinas por su apariencia —y a veces también por su bajo costo—, las patitas son un verdadero tesoro en otras latitudes. Pero el que sabe, sabe muy bien que las patitas son súper sabrosas y muy nutritivas: es uno de los ingredientes con más alto contenido de colágeno, un componente clave para la salud de todo nuestro organismo —no solo para el cabello y uñas—. El gran desafío a superar, para muchos y muchas, es su textura y apariencia. Pero una vez en las manos, no hay quien se resista a unas patitas anticucheras.
Para su preparación, hay que escoger patitas tiernas, es decir, de pollos jóvenes, porque son las más suaves. Hay que lavar bien las patitas para eliminar todo rastro de suciedad. Si gustas, puedes retirarles las puntas y cocerlas brevemente para que queden más suaves antes de llevarlas al fuego parrillero. Usa, por supuesto, el aderezo clásico de los anticuchos, y acompaña con papitas cocidas y los ajíes o salsas de tu preferencia. ¡Unas patitas anticucheras para chuparse los dedos!
Ají parrillero:
Sarsa criolla:
Si quieres que las patas queden más suaves, puedes sancocharlas por 20 minutos y dejarlas enfriar antes de marinarlas. Eso sí, quedarán menos sabrosas y la piel tenderá a romperse.