

Uffff… el sánguche de pollo es un clásico que nunca falla y nos salva del hambre que apremia en los momentos menos esperados. Por eso, siempre los encontramos en las bodegas de barrio o en las estaciones de servicio, porque no hay quien se resista a este bocado de pollo deshilachado, jugoso por el baño de mayonesa y cremas, con sus papitas al hilo crujientes.
Aunque no lo creas, se trata de un clásico relativamente joven, como lo es la mayor parte de su público consumidor. Sí, todos hemos comido esos sanguchitos de pollo en los cumpleaños infantiles; pero cuando más se disfruta de su versión completa o tamaño sanguchón, es durante la juventud, en los puestos de esquina de las manos de una Tía Veneno; un ‘matahambre’ para el que siempre guardamos unas monedas. Sánguches de pollo que desbordan lujuria gastronómica y colesterol en cada bocado.
¿Cuál es el mejor pan para este sanguchazo: francés, brioche o ciabatta? ¿Cómo debemos cocinar el pollo y deshilacharlo? ¿Cómo se hacen las papitas al hilo y la mayonesa? ¿Le ponemos o no le ponemos apio? ¿Y lechuga, tomate, palta? Finalmente, uno puede completar su sánguche de pollo como guste, pero no podemos ser mezquinos. El pollo hay que sentirlo, así que a meterle mucho cariño, por eso es clave cocinarlo con hueso y con verduras, para que gane sabor. Ah: y prueba hacerlo, también, con lo que te quedó del pollito a la brasa, para alcanzar un nuevo nivel de placer. ¡Choprove!