

La cáscara de limón es la estrella oculta en la receta de la limonada, aportando un toque distintivo y, a veces, desafiante. El amargor característico proviene del limoneno, su aceite esencial, que se libera al romperse las células vegetales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el amargor también se encuentra en la cutícula blanca de la corteza del limón. Para preservar el equilibrio perfecto entre sabor y frescura, es crucial evitar romper en exceso las células durante la preparación, por eso no se debe exceder en el tiempo de licuado.
El limón también aporta una serie de beneficios para la salud. Rico en vitamina C, un poderoso antioxidante, el limón ayuda a combatir los radicales libres en el cuerpo. Además, contiene flavonoides, compuestos vegetales con efectos antiinflamatorios, contribuyendo a la salud general del sistema inmunológico.
El poder anticoagulante del limón se revela como una herramienta potencial en la prevención de la trombosis. Además, su contenido de potasio y magnesio contribuye a la normalización de la presión sanguínea. Consumir limón de manera regular no solo es refrescante, sino que también puede desempeñar un papel fundamental en la limpieza efectiva de los riñones, reduciendo el riesgo de cálculos renales. ¡La limonada con cáscara se convierte así en un elixir refrescante y saludable que nutre cuerpo y paladar en cada sorbo!